El arsenal de la OTAN está al límite y Estados Unidos también asistirá a Israel en su ofensiva en territorio palestino.
Ucrania sigue con preocupación la escalada bélica en Israel porque su futuro también depende de lo que suceda en Oriente Próximo. Si Israel se embarca en una invasión de Gaza que dure meses, o si se abre un nuevo frente bélico en territorio libanés.
El inesperado ataque de Hamás a Israel y el apoyo de Washington y Londres a Tel Aviv ponen en tensión los arsenales de la alianza atlántica. Kiev no prosperó con su ofensiva y teme ver debilitada la asistencia de sus aliados.
La escalada bélica en Medio Oriente no es una más de las guerras en este 2023 sino también una preocupación para el presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky, quien ve peligrar el apoyo sostenido de sus aliados de la OTAN.
Si el conflicto entre Israel y Hamás se prolonga en el tiempo, y si eventualmente se extendiera al Líbano, el suministro de armamento estadounidense para el frente ucraniano se vería reducido y la ofensiva contra Rusia, por lo menos, se haría más lenta aún.
Este nuevo escenario sería una ventaja para Moscú que Washington no quiere de ningún modo. Así lo dijo el jueves el presidente Joe Biden, quien aseguró que su país está en condiciones de brindar ayuda tanto a Ucrania como a Israel.
En declaraciones hechas desde la Casa Blanca, el mandatario envió al Congreso un pedido de fondos extraordinarios por U$S 60.000 millones para asistir militarmente a Ucrania y de U$S 10.000 millones a Israel.
En plena campaña electoral, con las tasas de interés altísimas por parte de la Reserva Federal que frenan el crecimiento económico, los fondos reclamados por Biden superan todo lo brindado por Washington a Kiev en 20 meses de guerra.
Biden juega con que esa propuesta debe ser votada por los republicanos. Una vez más la guerra y la política doméstica en la primera economía del mundo se conjugan en una fórmula peligrosa tanto para la vida cotidiana de los estadounidenses como para la frágil convivencia de las potencias.
La propuesta de Biden encuentra otro escollo, que la industria armamentística hoy está a pleno de sus capacidades y no alcanza a cubrir la demanda global dado que la mayoría de los presupuestos militares crecen.
El ataque de Hamás a Israel generó un movimiento en Medio Oriente que debe ser abastecido por las industrias bélicas. Israel movilizó 300.000 soldados, aviación, blindados y artillería, lo cual significa un gasto en el ya abultado presupuesto militar de Tel Aviv.
El almirante Rob Bauer, jefe del comité militar de la OTAN, advirtió el pasado 4 de octubre en el Foro de Seguridad de Varsovia, antes del conflicto en Gaza, que la invasión rusa había tomado a los arsenales de la Alianza Atlántica a media capacidad y que, tras 20 meses, están al límite.
La situación en Gaza encendió las alarmas en Kiev. El jefe de Inteligencia del Ministerio de Defensa ucranio, Kirilo Budanov, dijo cuatro días después del ataque de Hamás: “Si el conflicto en Gaza tiene un tiempo limitado, no más de unas semanas, no hay nada de qué preocuparse, pero si la situación se alarga y se enquista, habrá problemas, seguro, porque Ucrania no será el único país con necesidades de munición y armamento”.
Zelensky, siempre atento a la extensión de la guerra y preocupado por la eventual disminución de apoyos, fue más dramático. Sin los aliados, “Ucrania perderá la guerra”. Esto fue antes del ataque de Hamás. El presidente ucraniano lo dijo en su visita a Washington del 21 de setiembre.
Lo hizo ante la amenaza de oposición republicana en el Congreso de Estados Unidos a mantener el mismo ritmo de ayuda a las Fuerzas Armadas de Ucrania. Y dos días después del ataque de Hamás, en declaraciones al canal France 2, dijo: “Hay un riesgo de sufrir las consecuencias si la atención internacional se aleja de Ucrania”
La tensión no sólo parte de Kiev. La cadena CNN aseguró el 11 de octubre que el alto mando militar de Estados Unidos “está trabajando contra reloj para identificar reservas extras de munición en todo el mundo para trasladarlos rápido a Israel”.
Un artículo de The New Yorker del mismo 8 de octubre explicaba que Jake Sullivan, consejero de Seguridad Nacional de Biden, considera que las prioridades a corto plazo cambiaron para Washington.
Desde Londres, el 5 de octubre, la BBC publicaba que las necesidades de municiones de artillería del ejército ucranio son mayores a las que pueden brindar sus aliados.
El Pentágono calculaba el pasado julio, en el momento más intenso de la contraofensiva, que el ejército ucranio disparaba en todo el frente hasta 3.000 piezas de artillería diarias. Yevhen Dykyi, militar y reconocido analista ucranio, elevaba el consumo a 8.000 piezas diarias en agosto.
La industria armamentística estadounidense produce entre 20.000 y 24.000 proyectiles de artillería por mes. Ucrania consume en tres días la producción mensual máxima de obuses de Estados Unidos.
El Gobierno ucraniano insiste en la necesidad de más munición para ganar más terreno, pero no pudo mostrar avances ante las líneas de defensa rusas reforzadas.
Los analistas geopolíticos de Europa y Estados Unidos consideran que Medio Oriente tiene prioridad frente a Ucrania. El canciller alemán Olaf Scholz lo dijo sin metáforas: “La seguridad de Israel es una razón de Estado de Alemania”.
Por su parte, el Reino Unido, tercer proveedor de armas a Ucrania, no tiene previsto aumentar los envíos de material bélico porque sus propios arsenales están disminuidos.