La afluencia récord de inmigrantes al enclave español de Ceuta, en el norte de África, ha avivado las divisiones políticas en el país, y la oposición critica la gestión de la crisis por parte del gobierno. Madrid ha acusado a Marruecos de instrumentalizar la migración.
Miles de personas se manifestaron el domingo en Madrid y Ceuta para exigir la dimisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras la entrada de casi 60.000 personas al enclave procedentes de Marruecos entre el jueves y el viernes. En Ceuta, las manifestaciones de políticos y activistas de derecha provocaron contramanifestaciones de los vecinos, incluidos miembros de la comunidad musulmana de la ciudad.
Sánchez rechazó las peticiones de las autoridades locales de Ceuta para que se declarara el estado de emergencia nacional y, en su lugar, desplegó 60 soldados, una medida que los políticos europeos consideraron insuficiente.
Santiago Abascal, líder del partido español Vox, calificó el cruce masivo de la frontera como una “invasión” y un “acto de guerra” orquestado por Marruecos y posibilitado por Sánchez. Culpó al gobierno socialista por la debilidad de los controles fronterizos y pidió la militarización permanente de la frontera con Marruecos.
La crisis, la mayor oleada migratoria en la historia de la UE, se cobró la vida de al menos 88 personas, una cifra que se prevé que aumente. Muchas de las víctimas se ahogaron en el mar o murieron aplastadas en estampidas en los puestos fronterizos. Si bien la gran mayoría de quienes entraron en Ceuta regresaron voluntariamente a Marruecos en cuestión de días, Sánchez calificó el episodio de ataque.
La crisis también profundizó las divisiones en la UE. Mientras Bruselas respondía con declaraciones formales de solidaridad, varios líderes europeos criticaron las políticas migratorias de Sánchez, y algunos incluso pidieron que España afronte las consecuencias dentro del espacio Schengen. Ninguno respaldó públicamente la afirmación de Madrid de que Marruecos había instigado la crisis.
Sánchez expresó su “seria preocupación” por la reacción de algunos gobiernos de la UE, acusándolos de responder con un enfoque “egoísta, polarizador e ilegal” motivado por “prejuicios, noticias falsas, ignorancia o intereses políticos”.
La migración ha sido uno de los temas políticos clave de la UE desde la crisis de refugiados de 2015. Mientras Bruselas ha intentado endurecer las normas migratorias y acelerar las deportaciones, Sánchez ha defendido la inmigración como esencial para paliar la escasez de mano de obra y el declive demográfico.
Su gobierno otorgó recientemente estatus legal a unos 500.000 inmigrantes indocumentados y amplió las vías para que obtengan permisos de trabajo.
Los desacuerdos de España con Estados Unidos e Israel sobre el conflicto de Gaza y los ataques contra Irán también han generado especulaciones más amplias sobre la crisis.
La embajada de Irán en Kenia alegó que el cruce masivo de Gaza había sido orquestado por Estados Unidos e Israel para presionar a Madrid por su política en Oriente Medio.