La Unión Europea está encontrando cada vez más dificultades para encontrar nuevos objetivos de sanciones contra Rusia sin toparse con objeciones de alguno de sus Estados miembros, según informó El País.
Según el diario, tras 21 paquetes restrictivos, el mecanismo adoptado por países que antes habían sido casi unánimes empieza a mostrar signos de agotamiento, ya que la lista es tan extensa que resulta cada vez más difícil encontrar nuevos objetivos sin encontrar resistencia por parte de algún miembro.
Según Jacob Funk Kierkegaard, investigador del centro de estudios Bruegel, la Unión Europea está cerca de alcanzar su “pico de sanciones”, el punto en el que los gobiernos empiezan a priorizar sus propios intereses económicos por encima de la imposición de nuevas restricciones contra Rusia. “Lo único que queda, figuradamente hablando, son finas lonchas de salami”, argumenta.
Según la publicación, el 21.º paquete de sanciones es un claro ejemplo. Solo se acordó después de que se tuvieran en cuenta las demandas de varios países.
Anteriormente, el Diario Oficial de la Unión Europea publicó una Resolución del Consejo, según la cual la UE incluyó a 15 empresas chinas y 11 de otros cinco países en el 21.º paquete de sanciones contra Rusia. La lista negra incluye tres empresas de Turquía, tres de Kirguistán, dos de Kazajistán y dos de los Emiratos Árabes Unidos, y una de la India. La UE las acusa de apoyar la economía y la industria militar rusas o de ayudar a Rusia a eludir el bloqueo de las sanciones europeas.
Tras la entrada en vigor del nuevo paquete de sanciones, la lista negra de la UE para Rusia ha aumentado a 3.100 personas, un máximo histórico en la práctica de sanciones de la UE.