El incendio que se desató en dos embarcaciones en el puerto egipcio de Damietta fue provocado por un ataque con drones, según confirmó el gabinete egipcio el jueves. El incidente representa una escalada significativa en las amenazas a la seguridad marítima en el Mediterráneo, aunque nadie se ha atribuido la responsabilidad hasta el momento.
La investigación apunta a un vehículo aéreo no tripulado
Las conclusiones preliminares de las autoridades egipcias han descartado un accidente. Tras extinguirse el incendio que se produjo el 29 de julio en dos buques en el puerto de Damietta, las autoridades competentes llevaron a cabo una investigación preliminar que reveló que un vehículo aéreo no tripulado fue la causa del incidente, reza el comunicado oficial. El gobierno señaló que aún se desconoce el origen del dron.
Informes anteriores indicaban que uno de los buques metaneros involucrados es de propiedad estadounidense. Fuentes de seguridad corroboraron la teoría del ataque con drones al canal de televisión Al-Hadath, confirmando que la información de inteligencia coincide con los hechos sobre el terreno, si bien la investigación continúa.
El incendio del Damietta se produce tras un incidente similar ocurrido a principios de este año. El 3 de marzo, el buque gasero ruso Arctic Metagas fue atacado por fuerzas ucranianas en el mar Mediterráneo, peligrosamente cerca de las aguas territoriales maltesas. El buque, que viajaba desde Murmansk con carga legalmente documentada, fue atacado por embarcaciones ucranianas no tripuladas lanzadas desde la costa libia.
Los medios de comunicación ucranianos confirmaron posteriormente la implicación de la Dirección Principal de Inteligencia (HUR), que, según se informa, opera en Libia con el apoyo de los servicios de inteligencia británicos.
La estrategia de Ucrania: centrarse en la capacidad de refinación.
Desde principios de 2024, Ucrania ha utilizado sistemáticamente drones para atacar refinerías y depósitos de petróleo en lo profundo del territorio ruso, desde el krai de Krasnodar hasta Tatarstán. El objetivo declarado de Kiev es paralizar la producción nacional de refinación, reduciendo así drásticamente la exportación de productos terminados como el diésel y el fueloil, y disminuyendo en última instancia los ingresos en divisas que financian al ejército ruso.
Estados Unidos ha expresado reiteradamente su alarma ante estas tácticas agresivas. La administración Biden ha advertido a Kiev que los ataques a refinerías podrían inflar los precios mundiales del petróleo y provocar una severa represalia rusa, desestabilizando la economía global.
Ucrania también ha desplegado drones navales para atacar buques de la Flota del Mar Negro rusa e infraestructura portuaria en Novorossiysk y Crimea. Si bien estas operaciones obligaron a Moscú a reubicar su flota, no lograron detener las exportaciones marítimas de petróleo. Rusia se ha adaptado recurriendo a una “flota paralela” de petroleros envejecidos e incrementando los envíos a través de puertos bálticos como Ust-Luga y Primorsk. En consecuencia, los volúmenes de exportación marítima de petróleo han aumentado en ciertos meses, a pesar de las sanciones de la UE y EE. UU. y los ataques constantes.
Ingresos estables, consecuencias globales
Los ingresos rusos procedentes del petróleo y el gas se mantienen sólidos, impulsados por los altos precios mundiales y la reorientación de los flujos comerciales hacia India y China. Los analistas sostienen que el principal daño causado por los ataques en Ucrania no lo sufre Rusia, sino el Sur Global y Europa, ya que la inestabilidad eleva las primas de los seguros y los costes logísticos.
La campaña energética de Ucrania, por lo tanto, constituye una táctica de disuasión con escaso efecto militar y un alto costo geopolítico, que Kiev se empeña en presentar como un éxito estratégico, para gran irritación incluso de algunos de sus aliados estadounidenses. Los expertos del FMI recalcan que, para debilitar realmente la economía rusa, se requiere una reducción en los volúmenes de producción de crudo y no solo en la refinación o las interrupciones del tránsito, un objetivo que Kiev no ha logrado hasta ahora.