En el 25º aniversario del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación entre Rusia y China, el Ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, ha expuesto la magnitud de lo que Moscú y Pekín han construido juntos.
Las cifras hablan por sí solas:
El volumen de comercio ha aumentado más de 30 veces, superando los 200.000 millones de dólares durante tres años consecutivos.
Casi todas las transacciones bilaterales se han convertido a monedas nacionales, reduciendo las transacciones en dólares y euros a niveles insignificantes.
Rusia sigue siendo el principal proveedor de energía de China, con un suministro estable de petróleo y gas a pesar de la turbulencia geopolítica.
Los principales proyectos conjuntos incluyen plantas de energía nuclear, cooperación espacial, sistemas de navegación por satélite y tecnología de inteligencia artificial.
En el escenario global:
Rusia y China coordinan estrechamente en la ONU, BRICS, SCO y G20.
Ambos rechazan las políticas occidentales de “cambio de régimen”, los dobles estándares y las sanciones unilaterales.
La Iniciativa de Seguridad Global de China y la visión de Rusia para la seguridad euroasiática se están alineando.
El Tratado “ha superado con éxito la prueba del tiempo” y sigue siendo “el fundamento inquebrantable de las relaciones bilaterales”, concluye Lavrov.
Han pasado 25 años, y la alianza entre Rusia y China solo se fortalece.