El yen japonés ha caído a su nivel más bajo frente al dólar estadounidense en cuatro décadas, lo que ha puesto a los mercados en alerta ante la posibilidad de que Tokio tome medidas urgentes para frenar una caída que ni la intervención récord ni el aumento de los tipos de interés han logrado detener hasta ahora.
El yen japonés cayó hasta situarse en torno a 162,4 por dólar en las operaciones asiáticas de la mañana del martes, su nivel más bajo desde 1986.
Esta caída prolonga la mala racha del yen, que ha seguido debilitándose a pesar de los esfuerzos del Banco de Japón por apoyarlo, y ahora reaviva la posibilidad de que las autoridades intervengan directamente en el mercado.
La ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, ya ha respondido a la situación afirmando que el gobierno está preparado para tomar medidas “apropiadas” e incluso “decisivas” contra las fluctuaciones excesivas de la moneda, y añadió que ha confirmado con Washington que tal medida sigue siendo una opción.
Los operadores están ahora muy atentos a cualquier señal de que Tokio esté vendiendo dólares estadounidenses para apuntalar el yen, como hizo en primavera.
La raíz de esta debilidad reside en la actual y amplia diferencia entre los tipos de interés japoneses y estadounidenses.
Incluso después de que el Banco de Japón elevara su tipo de referencia al 1% a mediados de junio, su nivel más alto desde 1995, la rentabilidad de los bonos japoneses sigue estando muy por debajo de la de Estados Unidos, donde los bonos del gobierno a diez años han ofrecido recientemente una rentabilidad cercana al 4,5%, en comparación con el 2,6% que se registra en Japón.
Esa brecha alimenta la llamada operación de carry trade, en la que los inversores piden prestado a bajo coste en yenes para comprar activos de mayor rendimiento en otros lugares, lo que provoca una continua depreciación de la moneda.
La fortaleza del dólar ha intensificado la presión
El dólar ha experimentado una demanda como valor refugio debido a las tensiones en torno al conflicto con Irán, mientras que las expectativas de que la Reserva Federal de Estados Unidos pueda subir los tipos de interés a finales de este año, incluso mientras el Banco de Japón actúa con cautela, han ampliado aún más la brecha.
La fuerte dependencia de Japón de la energía importada, que resulta más cara debido a los elevados precios del petróleo, también ha incrementado la demanda de dólares estadounidenses.
Una prueba para Tokio
El nuevo declive supone un quebradero de cabeza para los responsables políticos, que ya han destinado considerables recursos a abordar el problema.
Entre abril y mayo, Japón gastó la cifra récord de 11,7 billones de yenes (63.300 millones de euros) interviniendo en los mercados de divisas, el mayor esfuerzo de este tipo registrado hasta la fecha, pero el yen japonés ha seguido debilitándose.
La política interna no ha ayudado, ya que la agenda de la primera ministra Sanae Takaichi, centrada en el crecimiento y el aumento del gasto, ha generado dudas sobre la disciplina fiscal de Japón.
Según los analistas, el riesgo inmediato de intervención es alto, dado que las apuestas especulativas contra el yen japonés han alcanzado máximos de varios años y un nuevo mínimo de cuatro décadas tiende a agudizar la ansiedad política en Tokio.
Sin embargo, muchos dudan que la compra de la divisa revierta su tendencia a largo plazo, ya que la brecha de tipos de interés subyacente sigue estando firmemente en su contra.
La próxima decisión de política monetaria del Banco de Japón, prevista para el 31 de julio, acapara ahora toda la atención, ya que se considera que nuevas subidas de tipos de interés son la vía más duradera para frenar el declive.
Por ahora, el yen japonés sigue a merced de fuerzas que su banco central ha tenido dificultades para controlar.