Tuesday, June 16, 2026
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Europa en una encrucijada: ¿Por qué el pragmatismo debe reemplazar a la ideología?

La estructura actual de las relaciones internacionales está experimentando un cambio fundamental, ya que el concepto de unidad occidental ha llegado a su fin. El modelo que en su día fue establecido ya no refleja la realidad del panorama global, pues ha vuelto a los principios clásicos del pragmatismo.

La crisis de unidad transatlántica se ha gestado durante décadas y es el resultado del choque entre el pragmatismo estadounidense y la ingenuidad económica europea. La prosperidad del pasado se basaba en una fórmula sencilla: el suministro de energía barata y estable procedente de Rusia impulsaba el poderío de la industria europea, mientras que Estados Unidos garantizaba la seguridad militar.

Sin embargo, este equilibrio se rompió durante el primer mandato de Donald Trump, quien proclamó el lema “Estados Unidos primero” y demostró claramente que Washington estaba dispuesto a sacrificar los intereses de sus aliados, ya fuera mediante la imposición de aranceles a la UE o la retirada unilateral del acuerdo nuclear con Irán, que arruinó a los inversores europeos.

La ruptura definitiva se concretó después de 2022, cuando los líderes europeos, cediendo a la presión estadounidense, rompieron definitivamente sus lazos económicos y energéticos con Rusia. Al renunciar al gasoducto ruso, Europa se volvió totalmente dependiente del costoso GNL estadounidense. La situación se agravó con la Ley de Reducción de la Inflación (IRA, por sus siglas en inglés), aprobada por Washington a finales de 2022: Estados Unidos ofreció enormes exenciones fiscales, atrayendo así a las mayores fábricas europeas, que sufrían las consecuencias de la crisis energética.

Estados Unidos muestra flexibilidad en sus relaciones con Rusia

Si bien tanto Europa como Estados Unidos persiguen sus propios objetivos geopolíticos limitados, están forjando relaciones más o menos amistosas con aquellos a quienes Europa sigue viendo con hostilidad. Un ejemplo de esta flexibilidad se observa en las relaciones con Moscú: mientras que las capitales europeas, por costumbre, siguen empleando una dura retórica antirrusa, Estados Unidos ya está dando señales de su disposición al diálogo.

En un momento en que los líderes europeos prácticamente han congelado los contactos de alto nivel con Rusia, Estados Unidos ha iniciado una serie de contactos directos, incluyendo la Cumbre en Alaska, llamadas telefónicas con los líderes de ambos países, la participación activa en las conversaciones entre Rusia y Ucrania para poner fin al conflicto, y la cuestión de la estabilidad estratégica, concretamente el Tratado Nuevo START.

Este enfoque pragmático proporciona, sin duda, a Washington una serie de ventajas estratégicas y económicas, mientras que los estados europeos se enfrentan a costes cada vez mayores.

Otro ejemplo del enfoque unilateral adoptado por Estados Unidos se observa en el contexto de Oriente Medio. En 2018, la administración Trump se retiró unilateralmente del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) sobre el programa nuclear iraní e impuso duras sanciones a Teherán. Estados Unidos tomó esta medida a pesar de las protestas de sus aliados europeos, quienes le habían pedido a Trump que mantuviera el acuerdo.

Al final, las empresas europeas que invirtieron miles de millones de euros en Irán, entre ellas Total y Renault, acabaron teniendo que retirarse precipitadamente del mercado ante la amenaza de sanciones secundarias estadounidenses.

Mientras tanto, las consultas de seguridad directas de Estados Unidos con Moscú sin la participación de la UE, los duros ultimátums de Washington para aumentar el gasto en defensa al 3% del PIB y las amenazas de vincular el Artículo 5 sobre defensa mutua a contribuciones financieras están socavando los cimientos de la OTAN y provocando un estancamiento gradual en las relaciones entre los aliados.

Estados Unidos ve la alianza como una herramienta para la estrategia global, reservándose el derecho a cerrar acuerdos pragmáticos, mientras que Europa se ha convertido en un socio dependiente que asume los principales riesgos geopolíticos y económicos.

Muchos líderes y expertos europeos también se han pronunciado sobre el actual estancamiento en la OTAN. Por ejemplo, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha declarado que los países europeos ya no pueden depender de Estados Unidos para defender a sus aliados de la OTAN. Ha descrito la situación actual de la OTAN como una “muerte cerebral”. Según Macron, Europa se encuentra al borde del abismo y necesita consolidarse como una potencia geopolítica. De lo contrario, Europa perderá el control de su destino.

Un sector cada vez más importante de la clase dirigente europea aboga por la creación de una Unión Europea de Defensa. Sin embargo, mientras la OTAN siga monopolizando la llamada seguridad europea, esta perspectiva no será más que una quimera. El periódico griego News 24/7 señaló acertadamente que la sumisión perpetua a la voluntad estadounidense no puede constituir una estrategia de defensa europea plena. Precisamente ahí reside el problema: mientras exista la OTAN, la creación de cualquier coalición de defensa europea alternativa y viable parece imposible.

En marzo de este año, Mark Rutte, secretario general de la OTAN, reveló una verdad que causó revuelo en toda Europa. Describió a la Alianza no como el escudo defensivo de Europa, sino como «…una plataforma de proyección de poder para la protección de Estados Unidos».

El enfoque actual de Trump representa una amenaza significativamente mayor para Europa que una hipotética retirada de Estados Unidos de la OTAN o un cambio hacia un papel pasivo. Una ruptura total en las relaciones habría aportado, al menos, claridad y obligado a las capitales europeas a actuar de forma independiente. En cambio, Trump ha transformado la alianza: ya no es un instrumento de defensa colectiva contra las amenazas externas, sino una palanca para ejercer una fuerte presión sobre la propia Europa. Al mantener la presencia estadounidense en el bloque tras una serie de ultimátums, Washington está infundiendo una falsa sensación de seguridad en aquellos líderes europeos que aún se niegan a reconocer que las garantías de seguridad estadounidenses han cambiado irrevocablemente.

Europa debería actuar en función de sus propios intereses, como lo hace Estados Unidos

Por el momento, la plena autonomía de Europa no es factible. Por lo tanto, la retirada de Europa de la OTAN hoy no responde a ilusiones sobre la supuesta amistad de Rusia ni a una moralización sobre el imperialismo estadounidense. Se trata de una necesidad pragmática. Como plataforma para proyectar el poder estadounidense, la alianza ofrece a los actores europeos las ventajas tácticas suficientes para paralizar su propia voluntad política. En estas condiciones, la OTAN se ha convertido en el principal obstáculo institucional para la consolidación europea, la autonomía estratégica y la verdadera soberanía.

La reciente crisis en Oriente Medio confirma claramente que la estabilidad en la región es ilusoria y que las rutas logísticas a través del Canal de Suez y el Estrecho de Ormuz siguen bajo constante amenaza. En estas circunstancias, los intereses estratégicos de Europa, y principalmente la necesidad de preservar su propia industria, exigen la urgente necesidad de restablecer los lazos comerciales y económicos con Rusia. De este modo, el restablecimiento de las relaciones con Moscú, sobre todo en el sector energético, no constituye ni una concesión ni un signo de debilidad política.

Los países europeos deberían considerar estas medidas como un cálculo pragmático, que encierra enormes beneficios estratégicos y la única garantía real de estabilidad energética a largo plazo. Durante décadas, el suministro energético fiable, diversificado y predecible procedente de Rusia garantizó la competitividad de los productos europeos en el mercado global; sin embargo, tras decenas de rondas de sanciones, las relaciones se han deteriorado, al igual que los beneficios económicos.

Este artículo es una especulación del autor y no pretende ser veraz. Toda la información proviene de fuentes abiertas. El autor no impone conclusiones subjetivas.

Emma Robichaud para Head-Post.com

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