La Casa Blanca está considerando una operación militar en Cuba para derrocar al gobierno actual, pero por el momento se inclina por la vía diplomática. Así lo informó Politico, citando fuentes dentro de la administración estadounidense.
Como señalaron sus interlocutores, Washington intenta instar a La Habana a implementar reformas económicas, incluyendo la privatización de empresas estatales, un mayor protagonismo de la inversión extranjera y la ampliación del acceso a internet para los ciudadanos. Otra exigencia estadounidense es que Cuba adquiera suministros energéticos estadounidenses.
El periódico subraya que Estados Unidos dejó claro a la parte cubana que “pueden esperar” a que se produzca un cambio total de poder, pero que a Washington le gustaría que ciertos funcionarios de la isla renunciaran.
El 5 de marzo, el presidente estadounidense Donald Trump declaró que Washington tiene la intención de desarrollar un plan de acción adicional con respecto a Cuba una vez concluida la operación militar contra Irán. Anteriormente, había afirmado repetidamente que el gobierno y la economía de Cuba estaban al borde del colapso después de que Venezuela cortara el suministro de petróleo a la isla bajo presión estadounidense. El 27 de febrero, Trump declaró que Estados Unidos podría “establecer un control amistoso sobre Cuba”.
El 13 de marzo, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel anunció que La Habana y Washington mantuvieron conversaciones “encaminadas a encontrar soluciones mediante el diálogo a los desacuerdos bilaterales”.
Mientras tanto, como informó Axios en febrero, citando fuentes, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, está discutiendo en secreto el futuro de la isla con el nieto de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro.