Saturday, May 9, 2026
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Mujer de 32 años se hacia pasar por adolescente para sacar chicas inmigrantes de los centros de recepción en Canarias

A los investigadores de la Operación Timanfaya, con la que se consiguió desmantelar una red internacional dedicada al tráfico de menores desde Canarias hacia Francia, les llamaba la atención la actitud “predominante” que una de las ‘adolescentes’ del centro de inmigrantes de Arrecife (Lanzarote) tenía sobre el resto de niñas que llegaron al archipiélago en cayucos sin amparo familiar.

Los agentes seguían sus pasos después de detectarse que habían desaparecido varias menores del centro. La chica subsahariana, que no medía más de metro y medio, persuadía al resto para salir a la calle rumbo a pisos en los que pasaban grandes ratos. Allí, como mínimo, otros compatriotas de la organización les gestionaban documentación falsa para salir del país.

Hasta su detención. Ahora que la Policía Nacional analiza su teléfono se ha hallado un mensaje en el que avisaba: “Ya he vaciado el centro de niñas”. También que la detenida se hacía pasar por menor: en realidad tiene 32 años. De la investigación se desprende que una vez que sacó a todas las jóvenes menores del centro durante varios meses, y en cascada, ella misma había decidido irse.

En total han sido 13 menores. La Policía fue alertada tras varias denuncias del centro de menores, pero el operativo no fue nada fácil. Los menores tienen horas de salida y entrada. No era hasta la mañana siguiente, cuando el centro detectaba la ausencia, que ponía la denuncia de la desaparición. Para entonces ya era demasiado tarde. Después de muchos meses de seguimientos, descubrieron que las jóvenes que iban a fugarse, durante días antes llevaban ropa al piso al que les llevaba la “líder”. Por eso, el día de la fuga salían sin nada que detectase su fuga.

La directora general de Infancia de Canarias:

“Es un hogar, no un centro de internamiento”
Todavía es una incógnita el paradero de estas jóvenes y el de otro chico que no llegaba a los 18 años de un centro de San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria). Un hombre las llevaba al aeropuerto de Lanzarote, les entregaba los documentos y unas pelucas. Aterrizaban en el aeropuerto de Madrid, donde había otro colaborador de la organización que las esperaba, se quedaba con los pasaportes y las acompañaba hasta el metro, donde las guiaban en su primera vez en el suburbano, y de ahí a la estación de autobuses, donde cogían uno con dirección a Francia, aunque no está claro que este fuese su destino final.

Hay veces que las migrantes que se escapan de estos centros llaman meses más tarde para informar de que están con familiares en terceros países. No es el caso. En este caso se ha perdido el rastro, aunque los agentes de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (Ucrif) se afanan por seguir uniendo la línea de puntos. Sobre la mesa están los posibles matrimonios forzosos, la explotación laboral o la prostitución. Que a uno de los detenidos se le impute un delito de pornografía infantil después de hallarle un vídeo en su móvil refuerza la tercera hipótesis.

Es precisamente a través de los teléfonos, como reconocen fuentes policiales, lo que está haciendo situar “cada pieza en su lugar” en una investigación que explotó “en el minuto 93”, al filo de que todo se hubiese ido al traste. Gracias a la investigación, lograron interceptar en el aeropuerto a las tres últimas menores que quedan en el centro. Una de ellas se trata de la falsa menor, que acabó siendo arrestada, mientras que las otras dos, reingresaron al centro aunque intentaron escaparse de nuevo.

El problema con el que se encontró la labor policial es que aunque lograron evitar que cogieran un avión, en cuanto volvieron al centro aprovecharon su hora de salida para volver a escaparse. De ahí la duda de hasta qué punto, al ser menores, el centro podría tener mayor control, evitar tales salidas, al existir un riesgo de fuga, sobretodo porque ésta podría no ser voluntaria sino inducida debido a su minoría de edad.

Se ha acreditado que la organización contaba con logística en Marruecos para el traslado y cruce de fronteras: las chicas subsaharianas llegaron al archipiélago durante la última crisis migratoria de los cayucos, que llevó a saturar por completo el sistema de menores no acompañados en las Islas. También se ha constatado que la red contaba con contactos en Costa de Marfil para el envío de documentación falsificada: era gestionada en pisos o locales en Lanzarote a los que acudían las menores guiadas por la líder. Y además, que existía una infraestructura en España para acoger temporalmente a los menores en centros y gestionar su paso a Francia.

Los centros de menores funcionan como un hogar para los migrantes, con horarios, pero no se les restringen las salidas. Sobre los chavales no pesa ninguna medida judicial, por lo que una vez ponen un pie en la calle, durante sus turnos de salida, no son vigilados. “Es un hogar, no un centro de internamiento”, aclara Sandra Rodríguez, directora general de Infancia del Gobierno de Canarias, quien explica que las primeras salidas se hacen con acompañamiento, pero luego, como cualquier adolescente, no.

En algunos de ellos se contemplan medidas de sanción por si se incumplen las normas, como la retención del teléfono móvil durante un tiempo. El Gobierno de Canarias, en el pico migratorio, llegó a tener tutelados a casi 6.000 menores en un sistema concebido, originariamente, para 1.500.

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