Wednesday, April 22, 2026
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Europa dice basta y quiere limitar, a partir de 2029, el uso del dinero en efectivo con la implantación del euro digital

El Banco Central Europeo (BCE) tiene previsto decidir este 2026 si finalmente lanza el polémico euro digital con el objetivo de digitalizar y facilitar las transacciones monetarias de los ciudadanos europeos.

Según el BCE, “el euro digital complementará al efectivo y ofrecerá sus ventajas -simplicidad, privacidad, fiabilidad y disponibilidad en toda la zona del euro- a los pagos digitales”, pero la realidad es que genera recelos entre algunos economistas y expertos, que apuntan a que podría percutir en la privacidad de la población.

En el caso de que finalmente salga adelante, se desplegaría un ejercicio piloto en 2027 para dejar preparado para 2029 la primera emisión oficial del euro digital. Año en el que tanto el dinero en metálico como las tarjetas de crédito sumarían un nuevo competidor a la hora de ejecutar los pagos en comercios, restaurantes o en cualquier portal online.

Este organismo financiero argumenta que el número de pagos en efectivo disminuye en comparación con las operaciones digitales, por lo que “la necesidad de un medio de pago digital público como complemento del efectivo es cada vez más urgente”, plantean en un comunicado publicado a finales de 2025.

No obstante, aunque prometen que se va a compaginar con el efectivo y las tarjetas de crédito o débito tradicionales, se ha reabierto un debate sobre la importancia de preservar las formas de pago antiguas para la población mayor, que encuentra más dificultades para adaptarse a los vertiginosos cambios tecnológicos de este siglo.

El Banco Central Europeo (BCE) tiene previsto decidir este 2026 si finalmente lanza el polémico euro digital con el objetivo de digitalizar y facilitar las transacciones monetarias de los ciudadanos europeos.

Según el BCE, “el euro digital complementará al efectivo y ofrecerá sus ventajas -simplicidad, privacidad, fiabilidad y disponibilidad en toda la zona del euro- a los pagos digitales”, pero la realidad es que genera recelos entre algunos economistas y expertos, que apuntan a que podría percutir en la privacidad de la población.

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