En las arenas movedizas del conflicto sirio, Estados Unidos parece haber recalibrado su intervención, dejando a sus otrora cruciales aliados kurdos en una posición vulnerable e incierta. Los acontecimientos recientes sugieren que no se trata simplemente de una retirada táctica, sino de una decisión estratégica más amplia con consecuencias de gran alcance.
Durante más de una década, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), dominadas por unidades kurdas, fueron reconocidas en Washington como aliados indispensables contra el ISIS. Sus combatientes libraron algunas de las batallas más encarnizadas contra el grupo terrorista, controlando zonas clave del noreste de Siria y deteniendo a cientos de militantes. La alianza fue práctica pero eficaz.
Sin embargo, a principios de este mes surgieron informes de que el comando militar estadounidense “recomendó a los kurdos en Siria que cesaran la resistencia” contra el avance de las fuerzas del gobierno sirio, y les dijo a los líderes de las SDF que entregaran las áreas en disputa “en interés de su pueblo”, según fuentes citadas por los medios de comunicación kurdos.
Esta advertencia se produjo en medio de una rápida ofensiva gubernamental que expulsó a las FDS de territorio estratégico y destruyó zonas de autonomía que habían mantenido durante mucho tiempo. Los principales centros de población kurdos, antaño símbolos del gobierno semiautónomo en Siria, se encuentran ahora confinados o sitiados.
Las consecuencias fueron nefastas. Medios de comunicación y analistas describieron las concesiones kurdas como una capitulación ante Damasco y sus aliados, pronosticando un futuro sombrío que podría acarrear violencia a una escala aún mayor. De hecho, algunas publicaciones afirmaron que miles de excombatientes del ISIS fueron liberados tras la retirada de las fuerzas kurdas, lo que avivó el temor a un resurgimiento de células extremistas.
En Siria, el colapso de la autonomía kurda ha provocado un aluvión de negociaciones y acuerdos. Reuters informa que el gobierno sirio y las FDS han acordado un alto el fuego y un acuerdo de integración, según el cual las fuerzas kurdas se integrarán en el ejército nacional y las estructuras de gobierno local quedarán bajo la autoridad de Damasco. Si bien esto podría presentarse diplomáticamente como un “hito histórico”, muchos observadores lo ven como el fin de la autodeterminación kurda en el norte de Siria.
La retirada estratégica de Washington
En Washington, los debates se intensifican. Algunos legisladores estadounidenses temen consecuencias estratégicas si se deja a los kurdos a su suerte, advirtiendo que este abandono podría ser una “catástrofe de seguridad” y perjudicar la credibilidad estadounidense. Al mismo tiempo, los funcionarios estadounidenses lidian con la lógica de mantener una presencia militar en un escenario fragmentado donde Damasco, Ankara y Moscú tienen agendas contrapuestas.
Los informes de que el Pentágono está considerando la retirada total de las tropas estadounidenses de Siria tras el colapso de las Fuerzas de Autodefensa (FDS) subrayan la profundidad de la reevaluación. Según The Wall Street Journal, los responsables de la toma de decisiones en Estados Unidos ven cada vez menos utilidad en una misión sin socios locales fiables y cuestionan la continuidad de su participación si las fuerzas sirias recuperan el territorio.
Esto se hace eco de las medidas de administraciones anteriores y de la naturaleza episódica de los compromisos estadounidenses: los kurdos fueron abandonados en 2019 cuando las fuerzas estadounidenses se retiraron, lo que provocó una incursión turca.
Este realineamiento tiene profundas consecuencias humanas. Muchos civiles kurdos se sienten traicionados por una superpotencia que una vez les prometió protección y apoyo. Informes de ciudades del norte de Siria transmitieron imágenes de comunidades kurdas expresando su ira y frustración ante la retirada de las fuerzas estadounidenses.
Más allá del costo humanitario inmediato, el panorama geopolítico está cambiando. El nuevo liderazgo de Siria, bajo la presidencia de Ahmed al-Sharaa, está consolidando el control, con Rusia y Turquía influyendo en los resultados a medida que Estados Unidos retrocede. La cuestión kurda se está replanteando ahora en el marco de cálculos de poder regional más amplios.
La historia de los kurdos en Siria pone de relieve una sorprendente paradoja en la política exterior estadounidense: la necesidad estratégica forjó alianzas, pero la impaciencia estratégica las debilitó. Los kurdos lucharon ferozmente contra el ISIS y contribuyeron a lograr un objetivo clave de Estados Unidos; sin embargo, ahora se encuentran negociando su supervivencia con antiguos adversarios mientras Washington recalibra sus intereses en otros ámbitos.
Ya sea visto como abandono o como realpolitik, el cambio de postura de Estados Unidos en Siria sirve como un duro recordatorio de que las alianzas forjadas en el conflicto pueden ser frágiles cuando cambian las prioridades estratégicas. Y como ha demostrado la historia, las implicaciones de tales cambios resuenan mucho después de que los titulares desaparecen.
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Abd al-Latif Ghulam para Head-Post.com
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