La propuesta de subida de cotizaciones a los autónomos planteada por Seguridad Social el pasado lunes ha puesto en el foco a uno de los colectivos de trabajadores más precarios de la economía nacional.
Los ingresos precarios del colectivo,sus condiciones laborales con jornadas largas, dificultades para cogerse la baja… se suman a una protección social que es también escasea. En buena medida, por las bajas cotizaciones que abonan a la Seguridad Social en comparación con las que afrontan los asalariados.
La primera piedra de esa precariedad está en los ingresos. Según los datos fiscales que obran en poder de la Agencia Tributaria (AEAT), el rendimiento neto medio de las actividades económicas en el IRPF fue de 14.826 euros de media en 2023, último año para el que hay datos disponibles. Para poner en contexto esta cifra, hay que tener en cuenta que en torno a un 11% de los contribuyentes del colectivo presentaron declaraciones con pérdidas.
Dentro del colectivo conviven realidades muy diferentes, que van desde los 20.054 euros de media de ingreso para quienes tributan en régimen de estimación directa (1,9 millones de contribuyentes) a los autónomos agrarios, donde la media de ingresos netos (descontados los gastos) apenas alcanzan los 2.552 euros anuales
Sin embargo, dentro del colectivo de los asalariados, el rendimiento medio de las rentas del trabajo promedió en 2023 los 24.657 euros al año. Una cifra que, con la cautela aconsejable al comparar situaciones tan diferentes (por ejemplo, los salarios no pueden ser negativos), supera en un 66% la de los autoempleados.
Más allá de los ingresos, la realidad laboral de buena parte del colectivo también es más dura. Esto se ve bien en métricas como la duración de las jornadas o la capacidad que tienen para cogerse una baja laboral cuando enferman. Los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA) del INE reflejan que los trabajadores por cuenta propia realizan jornadas habituales de 43,9 horas a la semana, en comparación con las 36,5 horas que echan los asalariados. Una diferencia de 7,4 horas que equivalen casi a un día extra semanal de trabajo. En el caso de los empleadores, las jornadas se extienden incluso hasta las 46,7 horas.
La estadística de incapacidades temporales (bajas médicas en el argot laboral de la Seguridad Social) también es esclarecedora. Los últimos datos apuntan a que 29 de cada 1.000 asalariados inician expedientes de baja, frente a 11 de cada 1.000 autónomos, casi el triple. Los costes que asume la Seguridad Social también son considerablemente más elevados en el caso de los trabajadores del régimen general (56,4 euros) frente a quienes trabajan por cuenta propia (35,4 euros).
La infracotización se nota en las prestaciones
La menor protección social de que gozan los autónomos empieza por sus menores bases de cotización. La base mínima de cotización de los asalariados se sitúa en 2025 en 1.381 euros al mes (equivalente al salario mínimo), pero, de media, los asalariados cotizan por una base que asciende a los 2.276 euros mensuales.
En el caso de los autónomos la realidad es mucho más compleja porque existen hasta 15 tramos distintos, cada uno con su base mínima de cotización. Estas bases son más reducidas que las de los asalariados con ingresos equivalentes, aunque el autónomo es libre de fijar una cuantía superior.
Las estadísticas de Seguridad Social muestran que la inmensa mayoría de los autónomos se concentran en los tramos más bajos de cotización. El 83% tributan por una base igual o inferior a los 1.426 euros al mes (1,5 veces la base mínima o menos), una cuantía que no está muy alejada de la base mínima del conjunto de asalariados.
Esa infracotización, que se prolonga a lo largo de su vida laboral, se acaba traduciendo en pensiones más bajas cuando llega la jubilación. La pensión media de jubilación de los trabajadores del régimen general es de 1.667 euros al mes, frente a los 1.011 que perciben en promedio los autoempleados.
Se trata de una brecha del 64,9% en favor de los asalariados, que apenas se ha reducido cuatro puntos en los últimos diez años. De hecho, la brecha entre el régimen general y el de autónomos es incluso más ancha que la brecha de género, que se traduce en pensiones un 43% más elevadas para los hombres frente a las mujeres.
Estas diferencias se ven también a la hora de decidir el momento de retirarse de la vida laboral. Mientras que los trabajadores que han cotizado al régimen general se jubilan de media a los 64,52 años, los autónomos lo hacen a los 65,71. Una diferencia de 1,2 años.