Los mercados de gas natural de la Unión Europea (UE) comenzaron 2025 con una alta volatilidad y las estimaciones disponibles hoy vaticinan un peor escenario para los próximos meses.
A principios de este mes los precios del carburante subieron a su nivel más alto en dos años y las presiones sobre empresas, consumidores y gobiernos podrían continuar creciendo debido a la situación de los suministros y las reservas, advirtió la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
Como promedio, desde 2022 los consumidores industriales del área pagaron el producto un 30 por ciento más caro en comparación con sus similares de China y cinco veces más que en Estados Unidos, reveló la entidad, adscripta a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
“El daño económico ha sido visible tanto para los hogares como para las empresas”, consideró la fuente, cuyo pronóstico prevé “un año difícil” para la UE, en medio de una situación internacional signada por el incremento de la incertidumbre geopolítica y económica.
De acuerdo con el informe, el principal precio de referencia europeo del gas, el TTF, se sitúa actualmente en torno a los 47 euros por megavatio-hora, una cuantía inferior a los máximos en 2022 a raíz del conflicto ruso-ucraniano, pero superior en más de dos veces a los montos anteriores a la crisis.
Pero las reservas continúan menguando por la interrupción del abasto ruso mediante gasoducto a través del territorio ucraniano y el retorno a condiciones invernales medias, luego de dos periodos más suaves de lo habitual.
“Los consumidores y los gobiernos europeos están entrando en su cuarto año de precios del gas elevados y volátiles”, con efectos indirectos en los precios de la electricidad y los alimentos, indicó la AIE.
Según el diagnóstico, el volumen de gas almacenado en la UE asciende a unos 24 mil millones de metros cúbicos, un 36 por ciento menos que el año pasado a esta altura, lo cual estimula la inflación.
“Los elevados precios del gas y sus amplias repercusiones han complicado los esfuerzos de los gobiernos por garantizar un suministro energético fiable y asequible para ciudadanos y empresas, y han puesto en el punto de mira la competitividad internacional de la industria europea”, puntualizó.
La demanda del carburante para generar electricidad en la UE siguió disminuyendo en 2024, con un declive del ocho por ciento, lo que supone el quinto año consecutivo de descensos anuales, gracias a inversiones en eficiencia y para el aprovechamiento de fuentes renovables.
No obstante, “el gas sigue siendo esencial para la seguridad energética del continente, incluido el suministro de generación flexible de electricidad para complementar energías renovables variables como la solar y la eólica”, alertó la AIE.
En un momento de mayor incertidumbre geopolítica y económica, remarcó, los sistemas energéticos europeos afrontan un año lleno de retos.